Constante Penumbra

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Por Lisseth Indio

Entre incertidumbre y fortaleza viven los ciudadanos de zonas rurales, quienes con su ímpetu tratan de salir adelante, ellos no se rinden y buscan la luz en la oscuridad como esperanza de vida.

En el recinto San Jacinto con mirada decaída y sentado en una silla se encuentra Benito Galarza observando a las personas y carros que pasan por la calle, tratando de entender y asimilar los golpes de la vida, después de presentarme a toda su familia me invita a sentarme junto a él.

“Llegué de trabajar con mi familia como todos los días, el cansancio se apoderaba de nosotros, pero la sonrisa de mi pequeña flor que nos espera en la puerta de la casa me hace sentir mejor”, puntualizó Benito Galarza, dirigiendo la mirada hacia el patio de su casa al escuchar el farfullo que habían formado las gallinas.

“Fue entonces que mi hija me comentó que había escuchado un ruido extraño en el transformador ubicado cerca de la casa y que no había energía eléctrica él no le dio mucha importancia, siempre es la misma situación la luz se va y el daño es en el mismo lugar”, afirmó Benito, el viento soplaba a gran velocidad como si lo estuvieran persiguiendo causando el crujir de las ramas de los árboles.

Llamé a Carlos Chele un amigo para verificar si la luz se había cortado en los tres recintos aledaños:

-Hola Carlos, ¿estás en tu casa? pregunté.

– Si estoy en casa descansando del trabajo, respondió Carlos de fondo se escuchaba que sus hijos gritaban.

– Que bien, ¿tienes luz en tu casa? Pregunté.

– ¡Otra vez no hay luz! exclamo Carlos, pero si el viernes vinieron a arreglar el daño, vociferó con preocupación.

Al terminar la llamada pensé que la falla eléctrica era en todos los recintos cercanos, que en cierta manera así fue, las horas eran efímeras hasta que el reloj marcó las 15H00 y un sobrino llamó para informar que ya había luz, lo que resultó extraño para Benito y su familia ya que ellos no tenían energía eléctrica.

Salió de su casa y se dirigió hacia el poste de electricidad que se encontraba a unos cuantos metros, fijó su mirada hacia arriba y se percató que un pequeño pájaro se encontraba encima del transformador completamente calcinado lo que lo hiso suponer que, “el pájaro se chocó en los cables y causó el daño eléctrico “pensó, regresó a su casa tomó el teléfono y llamó a la empresa eléctrica para reportar el inconveniente. Espero unos cinco minutos en llamada de espera, hasta ser atendido y reportar el daño, obteniendo como respuesta, “en el transcurso de la tarde llegarán a arreglar”, a lo que el exclamó ¡eso espero! con tono de resignación encaminándose hacia el balcón.

El viento sopla y la bruma de la tarde hace su aparición esperando la caída de la noche. La preocupación aumenta en los familiares de Benito, ya que pasarán una noche entre las penumbras, el personal de la empresa eléctrica nunca llegó.

A las 19H00 las perlas en el cielo iluminaban la noche como las velas lo hacían dentro del hogar, se acostaron temprano escuchando la sinfonía que les proporcionaba la naturaleza.

“Al siguiente día por no haber energía eléctrica mis hijos tuvieron que ir a buscar señal de internet con sus teléfonos, a un pequeño cerro que se encuentra justo enfrente de casa”, añadió Benito, señalando con su mano el lugar del cual hablaba, que ciertamente no estaba muy lejos, pero tenía una gran pendiente. Paisaje verde y café adorna el ambiente en el que jóvenes llegan a recibir clases cuando no hay luz, tienen que caminar y subir una cuesta aproximada de 10 minutos los abriga con el manto de la esperanza.

“Cuando el reloj marcó las 13H00,luego que llegaron los señores técnicos  realizaron la revisión del trasformador y determinaron que estaba dañado tenía un orificio el cual no se podía arreglar, era necesario cambiarlo, por lo que se fueron con la promesa de regresar inmediatamente para realizar el cambio, pensé que no lo harían, para mi sorpresa a las dos horas regresaron con un transformador nuevo y se solucionó el problema”, recordó Benito, levantándose de la silla y dirigiéndose a alimentar sus gallinas.

Los días en los que no hay luz la desesperación se apodera de los jóvenes estudiantes de estas comunidades, ellos tienen que recibir clases y por la falta de energía eléctrica no pueden acceder. “Mis hijos reciben clases, uno en la mañana y otro en la tarde cuando se corta la electricidad de inmediato llamamos a la empresa eléctrica y mientras esperamos a que lleguen mis hijos con datos móviles intentan al aula virtual” aseguró Gisela Chele, madre de tres pequeños de edad escolar.

Tal como había sucedido en aquella ocasión, justo en el momento dialogábamos no había energía eléctrica, el daño era en el mismo lugar de siempre, el fusil de la palanca se había quemado, dejando en angustia a los hijos de Benito y a otros jóvenes que tenían que recibir clases.

Al parecer este día ya no llegaran a arreglar el daño eléctrico, al fondo se escuchó una voz temerosa exclamando “¿con quién dormiré?”, eso puso en alerta a Benito, dirigió su mirada hacia dentro de su casa y se percató que eso lo había dicho su hija menor de 10 años, la cual se encontraba en el regazo de su hermana mayor buscando protección ante lo desconocido.

En ese instante pasó por la calle una cuadrilla de la empresa eléctrica la pequeña niña se bajó de los brazos de su hermana y se dirigió al balcón de la casa para saludar al personal de la cuadrilla desbordando alegría como si ver a aquellas personas le devolviera el alma al cuerpo.

No pasaron ni 10 minutos cuando la cuadrilla ya estaba de regreso, el vehículo se detuvo frente a la casa de Benito, se bajó un señor robusto se dirigió hacia el padre de familia informándole que el daño ya estaba arreglado. “El daño fue lo mismo de siempre el fusil se quemó, ya lo cambiamos”, aseguró Pedro que era el nombre con el que se identificó, para luego regresar al carro y marcharse. Dejando a Benito con la incertidumbre de que si esta vez el arreglo durará más de 8 días y lo que le habían dicho no fuera una gélida mentira.

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