El clima también enferma

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Por  Prof. Dr. Diemen Delgado-García

diemendelgadogarcia@gmail.com

Durante mucho tiempo, hablar de cambio climático significaba hablar de glaciares que retroceden, bosques que desaparecen, océanos que se calientan o temperaturas que aumentan, pero existe otra dimensión que merece mayor atención: nuestra salud. El cambio climático ya no es solo un problema ambiental; es también un problema de salud pública que afecta nuestra manera de vivir y relacionarnos con el entorno.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que amenaza elementos esenciales para la salud, como el aire limpio, el agua segura, los alimentos y condiciones adecuadas de vivienda, sus efectos tampoco se distribuyen de manera uniforme. Las personas mayores, los niños, quienes padecen enfermedades, los trabajadores al aire libre y las comunidades con menos recursos enfrentan mayores riesgos.

Uno de los efectos más evidentes es el aumento de las temperaturas extremas, el calor intenso y prolongado puede provocar deshidratación, agotamiento, golpes de calor y complicaciones cardiovasculares y respiratorias, cuando las altas temperaturas persisten durante la noche, el organismo tiene menos posibilidades de recuperarse. La evidencia científica relaciona los episodios de calor extremo con un aumento de la mortalidad.

El calor también interactúa con la contaminación atmosférica, las altas temperaturas favorecen la formación de algunos contaminantes, mientras los incendios forestales liberan partículas que deterioran la calidad del aire. Para quienes padecen asma o enfermedades pulmonares y cardiovasculares, esta exposición puede ser especialmente peligrosa.

El cambio climático también modifica las condiciones de transmisión de algunas enfermedades. La temperatura, las precipitaciones y la humedad influyen en la distribución de insectos y otros vectores, el dengue es un ejemplo: el mosquito Aedes aegypti puede encontrar condiciones favorables en nuevos territorios o durante períodos más prolongados. Sin embargo, también influyen factores como la urbanización, la movilidad, la vivienda y el saneamiento.

Existe además una dimensión social, una ola de calor no representa el mismo peligro para todos, quien dispone de una vivienda adecuada, agua y climatización tiene más herramientas para protegerse que alguien que vive en condiciones precarias o trabaja bajo el sol. Así, la crisis climática puede profundizar desigualdades sociales y sanitarias.

Esta realidad obliga a preparar los sistemas de salud para enfrentar olas de calor, incendios, inundaciones, sequías y cambios en la distribución de enfermedades, los sistemas de alerta temprana y la protección de las poblaciones vulnerables pueden salvar vidas, pero también existe una oportunidad, el transporte público y la movilidad activa reducen emisiones y favorecen la actividad física; las áreas verdes ayudan a disminuir el calor urbano; mejorar las viviendas protege frente a temperaturas extremas, y reducir los combustibles fósiles mejora la calidad del aire.

La pregunta ya no es si el cambio climático afectará nuestra salud. Ya lo está haciendo, cuidar el clima significa también proteger nuestras vidas y construir sociedades más saludables, resilientes y equitativas para las futuras generaciones.

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