El naufragio de la Albirroja ante el huracán de las barras y las estrellas
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LatinoManta.- El SoFi Stadium de California fue testigo de un estreno mundialista que desnudó por completo las carencias de la Selección Paraguaya. Lo que se presentaba como una oportunidad idónea para que el orden defensivo de Gustavo Alfaro diera un golpe sobre la mesa, terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla futbolística. El contundente 4-1 propinado por Estados Unidos no solo refleja la diferencia de efectividad, sino una preocupante brecha en intensidad, ritmo de juego y respuestas tácticas entre ambos combinados en esta primera jornada del Grupo D.
La crónica de este doloroso tropiezo comenzó a escribirse de la peor manera posible. Apenas a los 7 minutos de juego, la fortuna le dio la espalda a los guaraníes cuando un centro punzante provocado por Christian Pulisic se desvió en el mediocampista Damián Bobadilla, metiéndose en propia puerta. El infortunio descolocó por completo los planes paraguayos, rompiendo ese bloque rocoso que pretendía Alfaro y obligando a la Albirroja a adelantarse, dejando espacios que un rival dinámico y vertical supo explotar a placer.
La primera mitad se transformó en un monólogo estadounidense comandado por la lucidez de Folarin Balogun. El atacante del Team USA despedazó las líneas guaraníes con un doblete formidable; primero a los 31 minutos tras recibir una asistencia precisa de Pulisic, y luego justo antes del descanso (45+5′), con una magnífica jugada individual donde dejó sembrada a la zaga antes de colgar el balón en el ángulo superior de Orlando Gill. Paraguay se marchó a los vestuarios con un 3-0 en contra que castigaba con dureza su falta de agresividad y anticipación en las coberturas.
En la segunda parte, la obligada rotación le lavó la cara momentáneamente a Paraguay. El ingreso de Maurício le dio otra dinámica al mediocampo y la recompensa llegó al minuto 73, cuando el propio volante conectó un zurdazo desde el centro del área tras una asistencia de Julio Enciso en jugada de pelota parada. Fue el gol del honor, un atisbo de esperanza que demostró que, cuando se asocian los que saben, Paraguay tiene argumentos para lastimar. No obstante, la reacción quedó en un mero espejismo ante la solidez del cuadro de Mauricio Pochettino.
La estocada final llegó en el tiempo de descuento y sirvió para enmarcar la noche. En el minuto 90+7′, Giovanni Reyna, quien también saltó desde el banquillo, se inventó una obra de arte individual por la zona interna para rematar de «tres dedos» pegado al poste izquierdo de Gill, sentenciando el 4-1 definitivo. La impotencia paraguaya quedó evidenciada no solo en la pizarra, sino en el plano disciplinario, donde el equipo se llenó de tarjetas amarillas (Cáceres, Almirón, Gómez, Arce y Alonso) al intentar detener con faltas el juego fluido de los norteamericanos.
Desde una perspectiva interpretativa, este partido deja en claro que la «fórmula Alfaro» necesita una urgente reingeniería si aspira a competir en la élite máxima. Paraguay fue un equipo de dos caras: una temerosa, estática y desbordada en el primer tiempo; y otra más ambiciosa pero tardía en el complemento. Quedarse en el lamento de la mala suerte del autogol inicial sería un error de diagnóstico; la Albirroja careció de peso en el uno contra uno y extrañó una mayor rebeldía de sus figuras. El camino en el Grupo D apenas arranca, pero el margen de error se ha reducido a cero de cara al duelo contra Turquía.


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