¡Amén contigo!

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Por: Carlos Cedeño

Veo en mí a Cristo crucificado. El calvario de la cruz está en cada paso falso dado. Veo a Cristo en cada semáforo al migrante pidiendo limosna o limpiando jun parabrisas. No dejo de verlo crucificado en cada rostro con hambre y mi impavidez para saciar su necesidad. Pero hoy me cuesta ser indiferente, quiero redimirme con acciones que me perdonen el tiempo perdido.

Por todo a aquello quiero ver a Cristo resucitado en cada rostro emotivo, solidario, tendiendo la mano amiga al necesitado de cualquier estrato: pobre, medio o rico.

Dios, que la ceguera no nuble mis ojos y que mi corazón no se vuelva roca, porque confío en ti mi Jesús al que pido no me desampare y me dé el don de la fe.

Insisto, no quiero ver a Jesucristo crucificado en el llanto de un niño, ni en las lágrimas de una madre sacrificada o maltratada por el horror del machismo.

Señor no dejes, que la navaja filuda termine con la vida de inocentes. No dejes Jesús, que el odio y la avaricia se multiplique, porque no quiero verte eternamente crucificado, sino poderoso y liberado del odio atroz de los humanos con los que tu habitaste para salvarnos, aquellos que ni viendo creyeron en ti.

La tierra es tuya, mi vida y la de todos también. Elimina las fronteras, los partidos políticos y las religiones y danos el entendimiento que solo existe un solo Dios, Rey del Universo.
Gracias Dios por darme las ganas de volver a enamorarme y respetarte en cada mañana, en cada noche que aún me puedo acostar para despertar siempre contigo en cada Padre nuestro.

¡Siempre contigo!

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