¿Mejor un “cel”, que un libro?

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Por. Carolina Ponce

El mundo gira y la tecnología invade las mentes y los cuerpos de los jóvenes, su pasatiempo favorito no son los libros, sino es sentarse frente al televisor jugando o texteando por su segundo hogar: las redes sociales.

Desde los primeros años de vida, los niños despiertan las habilidades de lectura y hablan sin necesidad de estudio alguno. A medida que crecen en altura, lo hacen con fluidez en la lectura y aunque en algunas ocasiones no pronuncian bien, se hacen entender. Pero realmente ¿cuál es el motivo que al pasar a la adolescencia pierden el interés por la lectura?

En distintos momentos los padres, maestros como guías en la formación de los chicos y conjunto como promoción de 2×1 con programas en los diferentes ambientes, incitan el interés a los jóvenes, por conocer y saber sobre todo lo que está a su alrededor, en especial a través de libros y periódicos.

María Bonilla
Docente de la UEF «Elías Cedeño Jerves»

Bajo el flemático y nubloso clima que liaba al barrio “Santa Ana” en Manta, María Bonilla denota aflicción por la decepcionante ausencia de lectura en los jóvenes. “La juventud es una etapa compleja para construir en bases sólidas como para ponerles cemento a lectores”, asevera la  docente en la Unidad Educativa Fiscal Elías Cedeño Jerves.

Al mismo tiempo, Bonilla profundiza que en las escuelas se les hace un mayor seguimiento a lectura, al igual que en los hogares. Asegura que en la secundaria, la formación en los colegios se centraliza en formar piezas autónomas, sin embargo, la mente de los chicos se trasladan a otros lugares fuera de sus casas, acompañadas de aparatos tecnológicos, profundiza la docente, mientras toca su cabellera negra azulada.

 

 

Desde su experiencia adquirida en el camino, pero no de asfalto sino docente, explora ante el micrófono su pensar y aconseja que durante la cena se puede implementar charlas sobre lo que se ha leído durante el día o en tal caso lo de la noche anterior. “El hábito de la lectura se puede desarrollar en diferentes tipos de obras, no es necesario que sea una carga académica, también puede ser comic, sagas, relatos, entre otras”, detalló Bonilla mientras toca su laptop que se encuentra encima de su mesa de comedor.

En varias ocasiones, algunos jóvenes imaginan que la lectura de internet va a remplazar la lectura en libros impresos, sin embargo, hay una distancia entre lo digital y lo físico, porque son procesos diferentes. Lo que se debe mirar, es la manera de combinar o fusionar ambas en una misma dirección, explica Bonilla, mientras acomoda su chaqueta color café.

“La ilusión de observar una juventud dedicada a leer, se desvaneció como papel  en el agua”, apunta desconcertada Bonilla.

Marcos Anchundia
Docente de la UEF «Elías Cedeño Ferves»

De igual forma, Marcos Anchundia, docente de la Unidad Educativa Fiscal Elías Cedeño Jerves, detalla que los adolescentes y las nuevas tecnologías vienen con un cable invisible de conexión, lo cual genera una sociedad líquida. “Leer es un hábito y llegar hasta el, no es nada fácil”, revela Anchundia mientras observa el sombrío horizonte.

“Para los los jóvenes que se comen los libros, es más viable disfrutar de un paladar lecturoso y un vocabulario que enriquezca la mente”, patentiza el catedrático. Lo que tiene claro este docente es que la importancia de la lectura es fundamental para el desarrollo cognitivo de cada persona y que debe ser de interés universal para transmitir amor por la literatura y la lengua.

Existe una franja naranja en las librerías, que permite identificar la lectura adecuada para cierta edad e incentivarlos así a leer.  Es algo novedoso, porque se encuentra con una gran variedad de información. Se evidencia de manera clara como el agua, que se nota el esfuerzo de las librerías, el interés por calidad de información que les presentan a los jóvenes. “Hay que atraparlos con la lectura, pero a manera de sus gustos, algo que seduzca su mente frágil”, masculló el docente con la mirada fijada al suelo.

Como un arma con doble filo, son las redes sociales. Un peligro perentorio para los jóvenes porque no buscan conocimientos productivos y se acostumbran a ver de todo en páginas que no les exigen un mínimo análisis y razonamiento. Existe una cultura frágil y se evidencia de manera oscura bastante desalentadora, revela Cedeño mientras mueve sus manos con cierto aire de ansiedad.

Sin embargo, Pablo Jiménez, un joven de rostro radiante y con

Pablo Jiménez
Estudiante de la UtPL

ganas de salir adelante, formula que la lectura es igual que estudiar. Desde que recuerda en su memoria, los libros han sido para embotellar conocimientos y autoevaluarse. Que le digan que son para pasar rato no tiene sentido. “Cuando me toca leer un libro de historia ecuatoriana, me fascina, porque para mí, todo el proceso de construcción del país significa un enriquecimiento personal que no es económico sino cultural”, confesó denotando felicidad en su rostro.

 

 

Remarca Jiménez como subrayador verde, que algunas joyitas que le gustan a él son: “Don Quijote de la Mancha”, “Cien años de soledad” y “El principito”, son ejemplares que ayudan a formarse como persona, a él lo han ayudado a transportarse a lugares donde la imaginación de otra persona no puede llegar. “También hay que saber si la información entregada como una doncella a su amado, va a ser exitosa y nos nutrirá de conocimientos”, destaca el joven universitario.

Vídeo de YouTube:

 

“No puede existir una revolución educativa, ni menos una sociedad que genere conocimientos sin una que ataque los campos de la lectura y que acabe por dentro y fuera del sistema educativo”, reveló Jiménez, quien ha obtenido las mejores calificaciones en la UTPL.

Meneando su mano izquierda, mientras observa su dedo meñique, Jiménez patentiza que el mundo moderno exige cambios en todas sus formas, y la lectura es parte de ella, las expresiones vienen en cambio brusco a causa de las nuevas tecnologías que generan con su enorme impacto. “Lo que realmente debe importar es la forma de expresar y comprender lo que se quiere decir pero desde una perspectiva diferente”, detalla el joven con un sonrisa de oreja a oreja.

Xavier Menoscal
Estudiante de la ULEAM

Del lado opuesto de la moneda, Xavier Menoscal, confiesa ante los medios, como famoso contando sus penas, que no tiene buena ortografía y que le hace falta cultura de lectura, siente que tiene un déficit bajo de argumentos en muchas ocasiones y que es capaz de repetir las mismas palabras en su diario vivir. Además, revela que ve a sus compañeros en el mismo plano de él, teniendo la oportunidad de enriquecerse con obras literarias y cayendo en vicios informáticos.

 

 

“Somos una generación floja que nos gusta todo de manera fácil,  leemos solo los chismes de internet y no lo que realmente importa, aunque en muchas ocasiones pase por nuestras narices”.

 

 

Si a esto se le suma que se debe poseer en las manos una cultura general, con una visión amplia para cuando se ingrese a los campos profesionales adquirir mejores oportunidades, puso en hincapié el joven Menoscal mientras sostiene un vaso con agua.

Existe una situación dramática, puesto que, existen adolescentes que no tienen competencias al momento de leer un párrafo sencillo y pueden exprimir información del mismo, pero también se observa una gran cantidad de chicos que no tienen un pensamiento crítico al momento de debatir un tema debido a que carecen de hábitos de lectura.

Con otra perspectiva, desde un ángulo diferente, Joel Quimis

Joel Quimis
Estudiante de la ULEAM

estudiante universitario relata preocupante. “Este problema no es solo en el país, es como el covid-19; es global, se debe de impulsar de forma extracurricular el gusto a los libros y a la compresión de lo que leen, no leer por leer”, remarcó el joven de forma energética.

Enfatizó, además que los libros que menos llaman la atención de los jóvenes menores de 16 años, son los de Ciencias, cuya falta de comprensión o palabras formales incide y penetra en el rendimiento académico y no obtener buenas calificaciones.

En otro contexto, Quimis aconseja que todos los jóvenes lean hasta comprender el contenido, que identifiquen la información y enriquezcan con palabras nuevas su vocabulario y así, tomarán el hábito de leer a gusto. Aunque confiesa que éste escenario es más complicado que subir a la cima de una montaña alta.

El adolescente expone su imaginación con la lectura y adopta una postura recta a las diversas problemáticas, leer convierte en superhéroes de la información porque ayuda a salvar vidas de la ignorancia en la que se encuentran. Todas las fuentes aseguran que disfrutar una buena lectura, rompe algunos estereotipos que se presentan en el siglo XXI.

 

 

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