La estafa del amor

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Por: Eva Alcívar

“La infidelidad es un comportamiento humano que esta normalizado, y es erróneo”, enuncia Jordán Vásquez de 23 años, con firmeza sobre la falta de lealtad en una relación.

La infidelidad, es una trivialidad en el mundo actual, las personas realizan esta acción por tratar de complacer sus placeres más indebidos, dejando a su paso la dolencia de la contraparte. Las personas que son desleales a una relación tienen algún tipo de atenuante o situaciones que conllevan a un error que muchas veces termina lastimando la sensibilidad de las personas involucradas.

Es importante hacer alusión al hecho de que la juventud, cree normal no poder mantener una relación estable y duradera por el hecho de la edad, en donde se romantiza vivir experiencias “alocadas”, para poder convivir o pertenecer en un grupo de personas, puesto que, en eso se basa la sociedad en tratar de corresponder y adaptarse en los estándares de los demás para sentirse aceptado.

La lealtad, el respeto y el amor son elementos clave en una relación, incluso el estar en pareja significa pasar ciertas cosas a segundo plano y a tu pareja posicionarla en primer plano, pues es en ese preciso instante que se comienza a darle lugar a las cosas, es decir organizar la vida, “no sé decide ser infiel son escenarios que se dan, yo tengo muchísima conciencia, lo cual me hace sentirme horrible solo el pensar ser un traidor” puntualiza Vásquez, con entusiasmo, mientras acaricia sus manos.

“En lo personal tengo que aceptar que, sí he sido infiel y tengo un sentimiento de culpa por el acto que cometí, puesto que eso me hace ser humano, pero también me han sido infiel lo cual me hizo sentir muy mal emocionalmente porque siento que brindé mucho a la relación y no fue recíproco”, recalca Alfredo Veintimilla de 21 años, con una mirada perdida al suelo.

La experiencia de Veintimilla realza el hecho de que la traición de una relación amorosa crea dolor que no es perceptible por el ojo humano, pero si está latente en la persona que lo experimenta, tratando de callar el corazón y hacerle caso a la razón, “la confianza, la reciprocidad y el respeto son fundamentales”, describe Veintimilla, con su rostro reflejando seriedad como si se tratase de un funeral.

La idealización del amor es un factor que perjudica la mente de las parejas, creando una fantasía que no existe, en donde estar en una relación amorosa tendría que significar estar como en un cuentos de hadas, no obstante, cuando la realidad llega a las personas que romantizan el sentimiento esa relación comienza a morir, creando dificultades que en ocasiones son el motor para que una persona cometa el erróneo accionar de la infidelidad, sin tener la responsabilidad emocional para comunicarse y terminar la relación sin perjudicar a la persona que los acompaña.

La Psicóloga clínica Cecilia Véliz, integrante del departamento de Bienestar Estudiantil de la Universidad “ULEAM” enuncia “hay que complacerse a sí mismo para que el estado de ánimo suba, las personas que pasan por este proceso de ruptura tienen que aceptar su dolor y vivirlo, abrazarlo, convivir con eso”, aunque existen quienes prefieren canalizar su dolor en silencio, mientras se destruyen por dentro con sus demonios internos, creando una faceta de felicidad cuando no es así como se sienten realmente.

La tristeza es parte del proceso de duelo cuando se necesita “superar” una relación fallida, y más cuando esta fue por una causa de artificios amorosos, esta hace que el cuerpo humano deje de producir la serotonina naturalmente y crea un estado de depresión siendo perjudicial para la salud mental, ya que, las infidelidades no sé diferencian por género.

“En la actualidad mediante las redes sociales, se podría decir que se ha fomentado más las infidelidades, está en auge, sin embargo, cuando se está con una persona en pareja se debe lealtad y respeto, pensar en esa persona antes de actuar, en mi caso he cometido errores, pero no han sido relaciones serias, pero las personas que optan por ser infieles tendrán sus razones, cada persona es dueña de sus acciones”, remarca Luis Fernando Palma de 21 años, con efusividad mientras sonreía.

“Me quiero mantener soltero por mucho tiempo y tener una relación seria cuando crea que esa persona es la indicada y que, si va a respetar la relación, pues hoy en día da miedo hasta tener una pareja”, destaca Palma, mientras eleva sus brazos al aire en acción de desinterés.

Las relaciones amorosas, significan un cúmulo de contraposiciones en donde una persona tiene altos niveles de posibilidad de terminar lastimado, por lo que, la sociedad prefiere enfrascarse y no abrirse al mundo del amor por miedo a que una relación dure menos que un castillo de cartas en un huracán.

El alcohol también cumple un papel esencial en la toma de decisión de una persona traicionera, pues romperle el corazón a alguien es una decisión que en ocasiones se ve nublada por la poca abstinencia a sustancias adictivas, como lo es la bebida alcohólica, que inhibide la capacidad de autocontrol en el consumidor, y quien va dejando corazones rotos a su paso.

Gilberth Alcívar de 22 años, asesor comercial de una empresa americana destaca que “se está cometiendo demasiado el acto de fallarle como pareja a alguien, lo que a mí no me parece correcto, además yo no sería infiel, pues no podría con la carga emocional de mirar a los ojos a mi pareja y mentirle descaradamente acerca de mi amor”.

Complacer placeres mediante la traición es un tema de debate, pues el amor en la vida de los individuos realmente enamorados resulta una luz que ilumina sus vidas, describiendo el sentir como un paraíso, esa magia abrazadora que calienta el alma y corazón, que se eleva hasta las nubes, sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, el amor lleva de la mano al dolor.

Un punto de atención en la sociedad actual es la religión de cualquier tipo, ya sea: cristiano, católico, evangelista, entre otros. Cada una de ellas tiene sus puntos de vista, y reglamentos que cumplir, es por ello por lo que para este reportaje se solicitó el testimonio de Marilyn Merchán, quien a sus 20 años asegura creer en el amor, aunque no lo ha experimentado aún.

“Soy cristiana, y como seguidora de esta religión, está muy mal visto que las persona engañen a su pareja, pues Dios delega dos vidas a unirse para siempre, desde que son enamorados ya directamente iría al matrimonio”, asevera Merchán, con un tono dulce y una apacible sonrisa en su rostro.

En las familias cristianas, los noviazgos transcienden a congregaciones matrimoniales, por el bien de la relación, desde la perspectiva cristiana, pues se afirma que estar involucrado sentimentalmente con un individuo es para todo la vida, asimismo, se desea el bien al prójimo, “yo si viví una infidelidad pero no por mi parte, sino por mis papás, fue muy duro, pues uno de ellos fue desleal y la otra quedó devastada”, confiesa Merchán con una voz entrecortada y con una mirada que deja ver su alma lastimada.

El amor en muchas ocasiones resulta ser confuso, nadie aún tiene la fórmula exacta para amar y luego olvidar, en la actualidad las personas prefieren no comprometerse por miedo a que las personas no cuenten con la suficiente capacidad y responsabilidad afectiva de ser responsables por sus actos y respetar una relación.

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