Exiliados de su país

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Por Dayana Guerrero

En 1999 comenzó el sufrimiento de la vecina Venezuela cuando el expresidente Hugo Rafael Chávez Frías cambió en su totalidad la constitución, desde ese momento muchos venezolanos fueron exiliados de su país.

El recuerdo de un futuro quebrantado, lejano quedó, cuando hace más de 20 años los venezolanos vieron cómo se comenzaba a dañar su país; las leyes que se dictaron afectaron a los empresarios, ahuyentaron a la inversión extrajera y adicional ganó el estado podía expropiar empresas o tierras a sus verdaderos dueños.

Ante lo anterior, los venezolanos se preguntan ¿Cómo se rompió Venezuela?.   Con lágrimas en los ojos, muchos dejando sus casas, familias y sueños, así ocurrió la primera ola migratoria de Venezuela, en el año 2003, donde trabajadores de la empresa Petróleo de Venezuela, SA (PDVSA) fueron brutalmente despedidos de sus puestos de trabajo y exiliados del país como si de un destierro se tratara.

Fue como si Dios lanzara castigo tras castigo, un éxodo a un país lleno de gente buena y bondadosa. Después de muchos procesos burocráticos, Andrés Corona logró mudarse a Ecuador, salió del país en 2017, durante la cuarta ola migratoria, de bus en bus, con una maleta en mano y dejando a sus dos hijos; uno de 2 años y el otro de 2 meses de nacido, ese era solo el principio de un reto por superar.

El joven de estatura alta, con barba, tatuajes y con ánimos de cada día salir adelante, al mudarse a un nuevo país tuvo que comenzar desde cero, su primer trabajo fue vendiendo chip Tuenti en Manta, se despertaba cada día a las 6am para salir a laborar y poder concretar ventas, siempre con una sonrisa, siempre con actitud positiva, aseveró.

Sus hijos son la luz que ilumina sus días y aunque no ha logrado traerlos al país, se considera un padre ejemplar, que desea lo mejor para sus hijos, “al llegar me propuse ser un hombre diferente para alcanzar mis metas”, manifiesta orgulloso.

“El exilió es para fuertes y para las personas que deseen salir adelante. Dejar un hijo recién nacido es la decisión más difícil que he tomado en mi vida, pero era lo que necesitábamos para poder vivir bien” replanteó con una mirada triste y mirando hacia una ventana, el llanero Corona, quien recuerdo fue para él.

Andrés Corona creando contenido

Fue fácil adaptarse a Manta y comenzar a construir sus sueños, desde tener un canal de YouTube “Andruz” donde sube contenido sobre el país que le abrió sus puertas, hasta convertirse en FreeLancer para manejar las redes sociales y crear contenido digital de varias empresas en la ciudad, logrando así, su trabajo de ensueño.

La historia de “Andruz” no termina ahí, ya que luego de dos años su prima Andrea Paola Hoyos llegó a Ecuador, licenciada en administración de empresa y trabajando en una empresa de Venezuela, decidió irse de su país.

Decidió migrar de su país por la inseguridad que vivía, al igual que su primo nació en Maracaibo-Venezuela, tiene 29 años, un año mayor que Andrés. Llegó con una maleta, viajando en avión con la esperanza de encontrar estabilidad económica en este nuevo país; su partida fue aún más difícil, dejando sola en su país a su madre y a su mascota.

Su primer trabajo fue de mesera, en un lugar nocturno de la ciudad de Manta, así fue conociendo a personas, teniendo amigos, hasta conseguir una persona que la ayudaría a encontrar un trabajo basado en su carrera universitaria, “me costó conseguir trabajo, aquí debes tener buenos contactos para poder trabajar”, murmuró entre risas la licenciada.

Al igual que todos los venezolanos Andrea Paola salió con la ilusión de una vida y un futuro mejor; con una sonrisa entre sus labios fue como manifiesta haber llegado a la ciudad, y aunque para ella no fue fácil trabajar de noche lo realizó con amor y dedicación, sabiendo que al final del túnel encontraría la recompensa.

Corona logró reunir dinero para traer al país a su madre, Yoleída en el 2020, con problemas de espalda, dolores en las piernas y dolor de cabeza viajó por una semana en bus hasta llegar a su destino.

Tener que abandonar Venezuela fue un fuerte golpe en su corazón, ya que dejó toda su vida atrás; graduada en enfermería y ejerciendo su carrera en Venezuela, llegó al país a los 62 años y como a todos comenzó una vida desde cero.

Yoleída Hoyos y su tatuaje del expresidente

Yoleída apoya al expresidente Hugo Chávez, su amor por él era tan grande que se tatuó el rostro en el brazo izquierdo, idolatraba a su líder, el cual considera que fue el mejor presidente de Venezuela; era la única de su familia que apoyaba al socialismo. Para ella los decretos y leyes de su líder dejaron mucha riqueza, hasta la fecha sigue pensando que fue lo mejor que pasó por Venezuela, así lo aventuró con una gran sonrisa la dama.

Enmanuel Corona

Asegura que su salida del país fue gracias a Nicolás Maduro, el actual presidente de Venezuela manifiesta que él no pudo llevar las riendas de un país rico. Actualmente trabaja limpiando casas, planchando cabello y hasta cocinando, “matando tigre” así se le denomina en su país cuando no tienen un trabajo fijo, pero aun así trabajan de lo que sea.

Junto a Yoleída llegó Enmanuel Corona, migró junto a su madre, ambos sin papeles legales y dejando atrás todo. Adolescente de 17 años recién graduado, la oveja negra de la familia, así lo llama su mamá; sin tener experiencia laboral solo con título universitario que aún no está apostillado.

Su hermano le enseñó todo lo relacionado a redes sociales para trabajar junto a él, le enseño a editar vídeos, diseñar, tomar fotografías y grabar videos. Asegura que estar en Ecuador es “más bueno que un pan” y a pesar de que fue obligado a salir de su país siendo tan joven, le da gracias a Dios por todas las oportunidades brindadas y agradece a su hermano por haberlo traído a este paraíso.

Nerwin Hoyos

“Cuando eres emprendedor tienes que sacrificar muchas cosas, aumentar más tu trabajo, ser creativo y adaptarse a los cambios”, así lo manifiesta Nerwin Hoyos, primo de Andrés Corona, llegó a la ciudad hace más de un año, su primera fuente de ingreso fue vender dulces en los buses.

Luego de la pandemia decidió emprender y ahora tiene un pequeño negocio de ventas de aparatos electrodomésticos, a su vez, trabaja como asesor comercial en una inmobiliaria. Dejó a su hija de 2 años en Maracaibo, actualmente está trabajando para lograr traerla en 2022, ya que su hija crece muy rápido y el tiempo es oro.

“Irme del país fue una decisión que me costó dos años tomarla, no me quería ir, yo quería seguir viviendo y luchando en mi país, pero no pude más, la situación y falta de comida, me obligo a migrar”, manifiesta Nerwin, con mirada de rencor e indignación.

Una decisión con malas consecuencias

María Gómez de 18 años, es otra venezolana que vive con la familia Hoyos Corona, ella alquila una habitación y ayuda con los gastos del hogar, llegó a Manta hace 8 meses, pero a ella no le ha ido nada bien.

La joven, de estatura mediana, con personalidad extrovertida, sostuvo que está buscando la manera de poder regresar a Venezuela; se fue de su casa por rebeldía, pero irse del país le quedó grande.

De hecho, su padre está buscando la manera de conseguir el dinero en Venezuela y enviárselo a Ecuador para que la adolescente pueda volver. “No estaba preparada para venirme sola y la vida me hizo un juego sucio”, confiesa con una sonrisa en su rostro.      

La familia aceptó a la adolescente en su casa porque una amiga de Yoleida le pidió el favor, mientras que su familia reúne dinero para regresarla al país llanero.

La historia de la familia Hoyos Corona es similar a la de millones de venezolanos, que se fueron de su país con la esperanza de un mejor futuro y de lograr sus metas, ellos han demostrado ser personas emprendedoras, fuertes y con ganas de surgir. Así es la vida del exilio, cada año va partiendo un integrante de la familia hacia un país diferente, con la esperanza de que algún día todos se puedan volver a reencontrar.

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