En la piel de un militar

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No había comprendido el peso de la vida de un militar hasta que me ajusté un casco y un chaleco, tomé su pesada mochila al hombro para ponerme en sus botas y entender a ese soldado de la Patria que se enfrenta día a día en cada misión con amor y devoción hasta su último aliento, para enfrentar y resolver cualquier riesgo.

Conocer aspectos primordiales nos permitió con empatía conectar y entender la vida de un militar. Una experiencia que en esta ocasión fue posible durante la Primera Integración de Reporteros de la Defensa y Fuerzas Armadas, organizada por el Comando de Operaciones Norte, en coordinación con el Batallón de Infantería Motorizada, Bimot, del Ejército No13 “Esmeraldas”.

Allí nos adentrantramos a las diversas estaciones militares, donde es fundamental disponer del equipo adecuado y necesario para sus operaciones militares. No es tan sencillo el sólo. hecho de llevar un uniforme, sus firmes botas, una mochila que pesa al menos 20 kilos, más el fusil y tener que sortear los riesgos, las inclemencias del tiempo, los obstáculos en el terreno y la presencia del enemigo, para quienes lo más importante es la enorme responsabilidad que llevan en su alma en su noble misión de defender la soberanía y la integridad territorial.

Allí donde los principios de supervivencia y la preparación de alimentos es parte de una rutina arcaica en la que usan métodos alternativos usados en frontera. Un arroz en fuego improvisado hecho con un par de ramas atravesadas en el juego y una lata de atún suele ser su mejor aliado para el rancho del día, deben racionar el agua y llevan siempre consigo un pequeño kit de primeros auxilios, demostrándonos de que están hechos para resistir ante la adversidad.

Los sitios de descanso no son los más cómodos, a los de un ciudadano común, donde seguramente apenas logran cerrar un ojo porque saben que deben estar constantemente vigilantes ante cualquier peligro.

Como hombres de armas, saben que no escapan a que se les pueda presentar más de un obstáculo, su capacidad de resolverlos y demostrar sus fortalezas ante entornos adversos, hacen que tengan dominio táctico, operacional y estratégico.

El respeto a su Bandera y el compromiso con su Patria es lo más honroso para un militar. En su rutina diaria nacen las expectativas a los riesgos y amenazas a los que se ven expuestos cuando son movilizados a cumplir una nueva misión.

Ser energéticos, ser flexibles y capaz de adaptarse a cualquier situación es parte de su personalidad. Ellos han sido formados integralmente, capaz de movilizarse a cualquier rincón de la Patria, inclusive permanecer lejos de sus amados seres y trabajar en horarios poco habituales.

Ser militar es tener una vida diferente, llena de emociones fuertes y experiencias únicas. Es desenvolverse en un ambiente de trabajo dinámico donde la disciplina, el honor, patriotismo, la integridad, valor, lealtad, espíritu de cuerpo, abnegación y profesionalismo, son su principal fortaleza y esencia de su identidad personal e institucional.

Por Adriana Meza Vera

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