En el limbo los valores

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Por. Carolina Ponce

Es impresionante la falta de valores en muchos jóvenes en la actualidad, aquellos que creen que tienen el mundo en sus manos y por el hecho de tener cierta edad, no respetan al prójimo armando actitudes desagradables por la carencia de buenos ejemplos de parte de sus tutores.

Cuando los jóvenes inician su etapa de adolescencia, los cambios de actitudes invaden sobre ellos, se desarrollan personalidades poco afectivas para su entorno social. Una mala compañía en la adolescencia pueden influenciar de forma positiva o negativa y por falta de conocimiento o atención puede provenir concepciones equivocadas sobre valores.

Lamentaciones y quejas de muchas personas es lo que frecuentemente hay y es ahí cuando escuchamos: ¡Qué barbaridad con esta juventud! ¿Qué pasa con los jóvenes de hoy en día? ¡Los chicos viven en otro mundo! Son expresiones y preguntas que hacen los adultos la mayor parte del tiempo.

Johana Bejarano Psicóloga de la UEF «Emilio Bowen Roggiero»

Bajo el flemático y nubloso clima que liaba al barrio “Horacio Hidrovo” en Manta, Johana Bejarano, psicóloga de la UEF “Emilio Bowen Roggiero”, expone con una seriedad y decaimiento a la vez en su rostro, que la falta de valores en los jóvenes ocasiona desintegración y conflictos familiares. “Todo esto conlleva a la escasez de comunicación que en varias ocasiones existe entre padres e hijos. Desde que entran en razón debemos inculcar valores a los jóvenes. Esto  fomenta y fortalece el respeto que debe haber en la convivencia del adolescente”, reflexionó Bejarano mientras toca su laptop portátil que se encuentra encima del escritorio.

Bejarano, considera que la falta de valores en la familia es algo alarmante, esto provoca descarrilamiento en los jóvenes porque se encuentran sin ningún tipo de protección y orientación. “Lo más triste es que los jóvenes pierden el interés y cariño por las personas que están a cargo de ellos, viven su mundo y no les interesa nada, tienen los ánimos por los suelos”, lamentó triste la especialista en psicología.

¡Los hijos son como los padres!, exclamó Bejarano, destacando que los padres son responsables del comportamiento de sus niños.

Es importante un buen desarrollo personal en los jóvenes porque a medida que van creciendo, van obteniendo mayores capacidades para enfrentar distintas situaciones que depara la vida, crecen de manera personal y profesional, pudiendo así madurar y controlar sus conductas.

Del mismo modo coincide, Mariela Ponce, docente de la UEF “Veintitrés de Octubre”, ella asevera desconcertada que la falta de valores, hace que los jóvenes se rebelen ante sus padres y se inclinen a malos rumbos. Viven en las nubes, se alcoholizan y  drogan. Sus corazones son un desierto porque la pérdida de valores no deja sentir amor propio y mucho menos afecto hacia los demás.

Es de suma importancia que los padres inculquen virtudes y cualidades a sus hijos, porque éstas permiten convivir en paz y armonía con ellos mismos y con la sociedad.

“Fomentar los valores desde casa a los adolescentes, con buenos ejemplos, poniéndolos en práctica, porque somos un eje para ellos”, aconseja Ponce, licenciada en Lengua y Literatura, mientras mira a sus hijos que se encontraban sentados frente a ella.

La falta de valores en la familia afecta demasiado, por eso ahora vemos muchos hogares llenos de conflictos, donde hay más autoridad de parte de los hijos hacia los padres que viceversa, rescató Ponce sin dejar denotar intranquilidad en su dulce rostro.

¡Los sabios nos iluminan con consejos!, exclama Milenka Ponce,

Milenka Ponce
Estudiante de la ULEAM

estudiante de la Uleam, la joven  considera que entre los padres más inculquen valores en ellos, los harán sentir más seguros  y podrán  llegar a la cima, a conseguir lo que ellos se proponen y a desarrollar personalmente.  “El desarrollo personal es aquella parte en que buscamos la superación y lo hemos aprendido a través de los años, estudios y experiencias vividas. Esto nos ayuda a aprender a  convivir dentro de una organización y  conllevará a nosotros alcanzar el éxito”, detalló la estudiante de la facultad Ciencias Económicas de la ULEAM.

En limitadas ocasiones, existen jóvenes que son responsables e independientes con ellos mismos y aplican valores y virtudes, esto es a causa de haber recibido una buena enseñanza y educación de parte de sus tutores. Así mismo, existe una gran cantidad de adolescentes que no han tenido una buena relación con sus padres y están totalmente perdidos en este mundo, viven en otro planeta, caminan por las paredes y como consecuencia caen en depresión porque finalmente se sentirán solos.

Mientras las luces a lo lejos titilaban como estrellas, Ramón Vélez,

Ramón Vélez
Estudiante de la ULEAM

estudiante de la Uleam, profundiza que la falta de valores influye mucho en la juventud, porque hay padres que no enseñan buenas costumbres a sus hijos, los jóvenes crecen con una mentalidad errónea y en un futuro pueden tomar malas decisiones. Es importante que desde pequeños nos enseñen a practicar los valores, porque son la esencia de una persona y ayudan  a tener una adecuada formación.

Los valores se aprenden desde el ejemplo de los padres porque ellos son un modelo a seguir, si ellos viven en un mundo de problemas, los jóvenes fácilmente aprenden esos malos hábitos. Un factor importante es que ellos habiten en un ambiente de paz, armonía y felicidad.

Son furiosos como un volcán, es la reacción de algunos jóvenes cuando les reclaman alguna acción inadecuada porque ellos creen  que ya se las saben todas. Las personas encargadas de corregir la mala conducta, son los padres porque ellos tienen el poder y el prototipo para brindarnos, recalcó el estudiante.

Mientras se escucha la apacible melodía del canto de las aves, Luis Vélez (22), un joven con rostro radiante, con ganas de salir adelante, cuenta la historia de su pasado oscuro a consecuencia del descuido de sus protectores.  “Fui presa fácil para la calle. Cuando estaba pequeño mis padres se separaron, mi madre se fue a vivir a EE.UU y quedé a cargo del supuesto cuidado de mi papá. Mi padre se dedicaba  a sus vicios, mis hermanos y yo quedamos a la deriva, me aproveché de la libertad y tomé malos rumbos”, narra Vélez, mostrando arrepentimiento en su rostro.

“Mi historia es un tormento, el descuido que me dio mi padre, sirvió para convertirme en el dueño de las calles, éstas se convirtieron en mi segundo hogar. Me dejé caer en las garras de la drogadicción, un callejón sin salida, mi voluntad era dura como el acero para poder desencadenarme del círculo vicioso. La comunicación y consejos hacían falta, me convertí en un joven sin ética y valores, que actuaba sin pensar y  medir consecuencias”, relata Vélez.

“Es de suma importancia el calor, afecto y consejos de los padres, todo aquello me faltó en mi niñez y adolescencia”, detalla Luis denotando tristeza.

¡La muerte de mi hermano!, exclama Vélez, fue aquella que me ayudó a recapacitar y reflexionar para huir del trastorno en el que me encontraba atrapado. “Entre tanto dolor, melancolía y desesperación, acudí donde mi hermana, pidiéndole mediante súplicas que me ayudara internándome en un centro de rehabilitación. Y así fue, no fue fácil el proceso, pero llevo 3 años limpio, sin consumir ninguna sustancia que altere mi estado de ánimo”, acota el joven con una sonrisa de oreja a oreja.

Los principios, virtudes, valores y los buenos modales son fundamentos que se construyen en el hogar, la ausencia de los progenitores provoca independencia en los jóvenes. Algunos adolescentes son responsables y otros simplemente utilizan su libertinaje para dar malos pasos.

Victoria Cardona, especialista en Orientación Familiar y autora del artículo  “Quién educa a mi hijo”, apunta que siempre es conveniente pensar en valores porque aquellos ayudan a los jóvenes a conseguir una independencia responsable. “Un valor es abstracto, pero aquel atrae y es algo que en el padre y la madre, tiene su fundamento en la superación y mejoría personal del joven”, recalca la colaboradora en medios de comunicación, quien publica artículos de educación en periódicos, revistas y en los portales de internet.

“Se trata de manifestar mediante paradigmas la fuerza que llevamos dentro, para nutrir una buena actitud y encarar día a día un buen estado de ánimo, con el fin de custodiar a nuestros hijos en su desarrollo o avance de educación”, aconseja Cardona.

“Agradecer cortésmente por un favor acogido; corregir con calma alguna tarea que el joven pudo haber llevado a cabo con un mejor esmero; valorizar un deber bien realizado; reconocer cuando sabemos que hemos actuado de una forma no adecuada hasta el punto de perder los modales y saber decir con modestia: “lo siento, no actué bien”. De este  modo ayudamos a nuestros hijos a encontrar los valores de la serenidad y gratitud, aún más que con cien mil discursos”, puntualiza Cardona, educadora familiar.

“Las virtudes de la convivencia humana, son esenciales para educar en casa, pero hay que destacar que existen jóvenes que no conservan los valores que se inculcan en sus hogares, salen a las calles e inmediatamente ellos cambian de conducta y no aplican lo que sus padres les enseñan. Existen centros especializados en tratar estos casos para este tipo de jóvenes”, profundizó Cardona, quien ha asistido a varios congresos en el extranjero.

Las buenas costumbres, valores y virtudes se desarrollan en el hogar mediante prácticas. El diálogo y afecto entre padres e hijos ayudan a fortalecer el desarrollo personal de los adolescentes. De esta manera, el joven crecerá lleno de fundamentos  y se convertirá en un modelo a seguir, pero así mismo será un gran desafío para aquellos que no lo ponen en práctica.

 

 

 

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