Restricción en dos ruedas

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Por: Abel Bailón

El miedo y temor a contagiarse, son las principales causas para que los ciudadanos prefieran utilizar el servicio de delivery desde que inició la ola de contagios, hasta la actualidad. Esta modalidad la utilizan para comprar productos de primera necesidad por medio de mandados.

 

Como todas las mañanas, es costumbre ver el cielo acompañado del radiante sol que calienta los alrededores de la ciudad de Manta. Jorge García ciudadano mantense se levanta desde las 07h00 para comenzar su jornada de labores y aprovechar el día. Lo primero que hace al despertar es revisar su celular, ya que es la herramienta que utiliza para su trabajo. Su esposa, Sofía Solorzano comienza a preparar el desayuno mientras Jorge se da una ducha, “amor por favor hazme el desayuno lo más rápido posible porque me salió un pedido”, le avisa García a su amada mientras sale del baño y corre a su cuarto a cambiarse para el trabajo.

“Gordo ya está el desayuno servido”, anuncia Sofía, mientras se sienta en la mesa para desayunar con Jorge. Él come lo más pronto posible sus alimentos en medio de su degustación, se levanta de su asiento y se dirige al patio trasero de la casa en donde está su motocicleta, es una de las principales herramientas para su trabajo, la enciende para dejarla calentando y regresa a terminar su desayuno.

Una vez terminado sus alimentos, se dirige hacia el cuarto a ver su mochila de delivery en ella guarda; una chaqueta, un tomatodo con agua, un atomizador con alcohol, el cargador del teléfono y sus audífonos. “Chao mi amor, que tengas un buen día”, se despide García de su esposa mientras se sube a su motocicleta y coloca su teléfono celular en el adaptador que tiene instalado en el volante de su amiga de dos ruedas.

 

Mira su WhatsApp y revisa el mensaje que le envío el cliente. “Por favor necesito tres encebollados de la Carreta de Antonio con doble porción de chifles y una coca cola grande, el pedido me lo viene a dejar a mi casa por favor”. García sale de su casa ubicada en el Barrio Jocay y se dirige a toda prisa hacia el local para realizar el pedido, llega, estaciona su motocicleta, lo recibe el señor que cuida los carros y que al mismo tiempo es el encargado de tomar la temperatura y echar alcohol en la mano a los clientes que llegan.

“Señor buenos días permítame tomarle la temperatura y por favor espere en la fila para realizar su pedido”, le solicita amablemente el cuidador de carros a Jorge mientras le coloca alcohol en las manos a otros clientes que están en la fila. Llega el turno de García y se dirige a la persona que despacha los pedidos, “buen día señorita, por favor me da tres encebollados grandes con doble porción de chifles y una cola para llevar”, “lo desea con cuchara o sin cuchara”, le pregunta la chica que despacha mientras comienza a guardar los encebollados en las tarrinas, “sin cuchara está bien amiga”, le responde Jorge mientras saca el dinero para cancelar.

 

Recoge el pedido, se lo guarda en su mochila y de inmediato sube a su motocicleta, saca su celular nuevamente y le escribe al cliente, “amigo, ya tengo su pedido por favor ayúdeme con su ubicación del Google Maps para llegar hasta su domicilio”, “perfecto amigo, enseguida le envío”, le responde el cliente y añade en el mensaje, “es en la urbanización Manta Beach, cuando esté en la garita le dice al guardia que se dirige a la casa del abogado Rafael Mendoza”.

Una vez recibida la ubicación en su celular, García enciende su motocicleta; embraga, mete primera y acelera hacia la dirección del cliente. Llega a la garita de la urbanización y se identifica con el guardia de turno. “Caballero buen día, me dirijo hacia el domicilio del abogado Mendoza”, anuncia Jorge mientras apaga la motocicleta y espera a que el guardia le autorice el ingreso. “Ayúdeme con su número de placa y con su cédula para permitirle el ingreso amigo”, le solicita el guardia mientras le abre la baranda de ingreso.

 

Jorge llega a la casa de Rafael, el cliente y le pita. Él sale y le pregunta el valor de la carrera, a lo que García responde: “son ocho cincuenta el pedido y dos cincuenta la carrera amigo”. El cliente le paga y recibe el pedido sin ningún inconveniente, Jorge se retira de la urbanización y se dirige a la gasolinera más cercana para llenar el depósito de su motocicleta, con combustible.

 

Este es el trabajo que realiza Jorge durante todo el día hasta las once de la noche, que está permitida la circulación por las calles de la ciudad y de todo el país. Normalmente, él se hace de cinco a seis pedidos diarios en los días malos, y en días festivos y fines de semanas se hace hasta 14 a 15 pedidos cuando trabaja sin descansar. Este es el único sustento para él y su familia. Lo lleva haciendo desde hace un año, se siente cómodo y a gusto realizándolo, manejar su moto y llevar pedidos a las diferentes personas que lo soliciten, lo hace feliz.

Estas fechas para Jorge son muy especiales, navidad y fin de año es la temporada más alta en pedidos y ya están cerca. Una vez que se hacen las 23h30, llega a su casa después de una larga jornada y se dispone a descasar para estar recargado al día siguiente.

 

El lunes 21 de diciembre parecía ser un día normal hasta que, por las noticias, sobre todo en las redes sociales, Jorge se entera que el presidente de la república anuncia un estado de excepción y nuevas medidas por una cepa del coronavirus. La noticia le llega a García como balde de agua fría y no lo puede creer, aún no tiene claro cuáles van hacer estas restricciones, sólo espera poder circular con normalidad para seguir con su trabajo de delivery.

De inmediato le hace una llamada telefónica a su mujer y le explica la noticia, “amor el presidente declaró nuevamente el estado de excepción, ojalá y esto nos perjudique a nosotros”. Corta la llamada y se dispone a seguir trabajando.

Jorge presta sus servicios para una empresa de delivery, los pedidos que salen de la empresa son muy pocos, pero él se complementa con las carreras personales que tiene con sus clientes de confianza, los cuales constantemente le escriben para solicitar de sus servicios.

 

Pasa un día y Jorge busca por las redes sociales cuales son las diferentes restricciones que se van a dar por el nuevo estado de excepción, una de ellas es que el toque de queda será desde las 22h00 hasta las 04h00 y que será prohibido la venta y trasporte de bebidas alcohólicas durante fines de semana y el feriado de navidad y fin de año. Pese a esto Jorge no tenía en claro qué iba a pasar con los que hacían delivery, ya que la circulación nuevamente se veía regida por el último dígito según la placa que tenga cada uno de los vehículos particulares.

 

En los dos primeros estados de excepción, Jorge fue sancionado por circular en horas no establecidas en las restricciones, por esa cuestión los primeros días no salió a trabajar. Intentó sacar el salvo-conducto con la ayuda de la empresa, pero la página web del Gad Municipal se encontraba colapsada, por lo que se decidió suspenderlo y las personas que brindaban el servicio de delivery podían circular con normalidad en los horarios establecidos con la respectiva documentación de la empresa a la que pertenecían.

Una vez conocida esta noticia, Jorge retoma nuevamente las labores en su motocicleta, pero esta vez con una credencial y los papeles que lo identifique como trabajador de la empresa de delivery Gacela.

Llega la navidad y como es costumbre Jorge ya está despierto desde muy temprano para alistarse a una jornada productiva que se aproxima. En la mañana como es de costumbre le piden encebollados y desayunos, ya en la tarde le piden almuerzos y uno que otro mandado de ir a dejar algún objeto o encomienda. Ya por la noche en la hora pico los pedidos están a reventar, cansado y muy atareado decide llamar a su mujer para que le dé una mano. “Amor necesito que te cambies y estés lista que en 10 minutos ya te paso viendo para que me ayudes con los pedidos”, le ordena a su esposa, mientras entrega el pedido a uno de los clientes.

 

Llega a la casa y su mujer ya le está esperando en la vereda con el casco puesto en la cabeza, “sube amor que ya voy atrasado y tengo tres pedidos encima”, le anuncia Jorge mientras les escribe a sus clientes que ya va en camino para que no se desesperen.

Su esposa le ayuda haciendo fila en los locales, mientras él va a dejar productos a otros clientes. Así laboró hasta las diez de la noche Jorge a su esposa Sofía, antes de regresar a su casa pasan retirando un pollo que dejaron apartando desde temprano y se lo llevan a su hogar para hacer una pequeña cena. Llegaron las doce y la pareja de esposos disfrutaron de su cena después de una jornada productiva, pese al nuevo estado de excepción, hubo facilidades para que el servicio de delivery se mantuviera laborando dentro del horario permitido.

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