Museta en casa

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Por: José Eduardo Caicedo Montes

Con todo un mundo de preguntas, Elena empezaba un proceso de estudio distinto al que normalmente estaba acostumbrada, teniendo muchas expectativas que al mismo tiempo, se convertían en un lago de inseguridades.

Con la temida pandemia que se comenzó a vivir a inicios del 2020, como giro de 360 grados, todo cambió, desde la manera de convivir con los demás, de cuidarse y hasta de estudiar.

Llego el día en el que iba a empezar este nuevo proceso de estudio, eran pocas las ganas de hacerlo, sin embargo era algo que debía empezar. Miraba alrededor de su casa, y la extraña sensación al no ver a nadie, ni de escuchar un ruido, causado en ella, un poco de inseguridad al momento de adquirir conocimientos.

Sentarse frente de un computador, recibir las clases y todo tipo de conocimientos por los diferentes docentes que tienen, era una vivencia extraña para Elena.

Y es que, ir al colegio por las mañanas, vestir un uniforme, encontrarse con sus compañeros para reír y conversar, eran momentos que nunca pensaron que iban de dejar de vivirlos de forma tan repentina.

Luego de varios meses de encierro, recibir las clases de forma virtual, no era la mejor forma,  temía  que su desempeño en clases no sea tan bueno y se vea afectado por la falta de concentración y de interés que se puede generar por esta modalidad nueva de estudio.

Elena, se preguntaba desde ¿Por qué no prendemos la cámara? ¿Por qué esta nueva modalidad es aburrida? ¿Aprenderemos en su totalidad como antes? y una lista de preguntas, como un mar sin fin, que en varias ocasiones no se convencía de su respuesta.

En los primeros días, a tempranas horas, se levantaba muy entusiasta para recibir las clases, con la esperanza que iban a ser más divertidas, pese a que no lo eran, trataba de tomarlas de la mejor manera posible, arreglando de forma cómoda un espacio en su casa para recibir las clases.

Como a paso de tortuga, las horas de clases pasaban, por varias ocasiones la abuela de Elena, observaba como cabeceaba su nieta por la falta de entusiasmo en la misma y con grito estremecedor diciendo “¡Elena no te duermas!, levantándose como estrella fugaz a lavarse la cara.

El medio día llega y rápidamente, corre a pararse. ¡Que cansado es estar sentada toda la mañana!, renegó Elena mientras recordaba su fatiga de todos los días.

Todas las noches, se imaginaba que tan pesado y aburrido al día siguiente la iba a pasar. Y es que tras largas horas de clases, con lo infinitos deberes, eran muchas horas, las que debía estar frente a la computadora, con sus ojos irritados y su cabeza próxima a estallar como un volcán.

Después de varios meses, Elena se percata de la rutina que obligatoriamente debe hacer todos los días, sin importar que tan cansada sea. Debido a las normativas que la institución ha planteado por la problemática de salud que se vive a nivel mundial, generando en Elena, una sensación de fastidio.

Lo que más se cuestiona Elena, es sobre su aprendizaje. ¿Pagar tanto para no aprender como lo hacíamos de manera presencial?, expresó confundida con un movimiento en las manos.

Pasar por las afueras del colegio, es una de las cosas que a Elena la pone muy sentimental, -Terminar una de mis mejores etapas como es el colegio, sin estar en él, ¡nunca me lo imagine!- cuestiona golpeando su pie con el suelo.

Elena enfocada en alcanzar cada uno de los objetivos que se ha propuesto, ella llena de ilusiones continúa su última etapa del colegio, que en un abrir y cerrar de ojos, siente que pronto terminará.

“Mi vida al igual que la de todos, ha ido cambiado a causa de todo lo que se vive, sin embargo todo esto, me ha impulsado a seguir luchando por aquello que tanto anhelo y a seguir adaptándome a cualquier circunstancia que llegue a enfrentar”, expresa Elena.

Poco cabizbaja, Cecilia Dueñas, hermana de Elena, explica que fue también difícil adaptarse al sistema de educación virtual porque ya estaba acostumbrada a tener unas mañanas más ajetreadas y movidas en su colegio. -Pensé que no sería mucho el cambio con la educación virtual, pero me equivoqué y jamás pensé que extrañaría tanto las aulas- reflexionó con su voz quebrantada.

Sentada en un mueble, María Cedeño, la abuela de Elena, cuenta que como parte del personal administrativo de la institución en la que estudia su nieta, ha sido además de complicado, cansado debido a que no todos saben utilizar los diferentes aparatos tecnológicos y ni los programas por los cuales uno debe impartir la clase día a día para los estudiantes.

Se preguntaba a su vez, ¿Cómo la pandemia que actualmente se vive ha cambiado todo en nuestra forma de vivir? –Es sorprendente y muchas veces creo que al igual que muchas personas, no encuentro una respuesta a ese tipo de preguntas, puntualiza María.

La  vida ha dado un giro de 360 grados, -Cuan difícil ha sido para todos los seres humanos, el adaptarse al nuevo estilo de vida que se vive y que aunque muchas veces se piense que ya estas nuevamente en la “normalidad” que se solía vivir antes, aun no llegamos a ese momento que tanto se espera- argumenta Cedeño.

Amarilis Coello, docente de la institución, justifica lo complicado que es la educación virtual y además, lo complicado que puede convertirse para los estudiantes por la falta de costumbre. -¿Y si no llego a dar una excelente clase para mis estudiantes?, eran preguntas que Amarilis, temerosamente se hacía al inicio de empezar este proceso educativo.

Las dos primeras semanas de clases, Coello conversaba con sus estudiantes  y les preguntaba ¿Qué tan buena estaba siendo la clase? ¿Me están entendiendo lo que les explico? ¿Estoy siendo aburrida o estoy siendo dinámica?, con mucha intriga, a inicios de las clases virtuales siempre lo preguntaba, despejando cualquier tipo de inquietud.

Por consiguiente, Flavia Mendoza y Ana Cevallos, compañeras de Elena, muy apenadas comentaban que si es triste ver como su último año de colegio haya sido de manera virtual.

-Esperamos que podamos volver por lo menos para graduarnos en el lugar en donde hemos vivido unidos momentos inolvidables, sin dudarlo, es la mejor etapa- con ilusión en sus ojos.

Ya faltando poco para que el año escolar finalice, los jóvenes esperan que todo mejore y poder celebrar la finalización de esta gran etapa juntos.

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