Muriendo lento

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Por Leslie Paladines Leones

Para los hijos, no es nada fácil ver a sus padres consumiéndose por una enfermedad, Elizabeth Leones cuenta como fue el proceso que tuvo que pasar junto a su madre, Benigna Andrade, quien padecía de un cáncer terminal.

“Recuerdo que era el mes de junio del año 2019 cuando mi madre llama y me dice que tiene un problema en su vagina, en su voz podía apreciar que estaba asustada y nerviosa”, cuenta Elizabeth con sus ojos inundados en lágrimas.

Para Elizabeth, este tema siempre la pone mal; ya que, tuvo que sufrir la pérdida de su padre, cuando ella se encontraba en Europa, no pudo despedirse de él, y siempre ha cargado con ese dolor en su corazón.

Pasar por segunda vez algo como eso ya no era justo. Ella no era capaz de irse y dejar a su madre, así que decidió quedarse en Ecuador y cuidar de sol a sol al ser más admirable, a la que más amó y que seguirá amando por el resto de su vida.

Elizabeth, empezó a sacar  citas médicas con un ginecólogo para que le explicara lo que le estaba sucediendo a su madre.  “Recuerdo bien ese día, un 18 de junio del 2019, no dormía de solo pensar que era lo que ya me sospechaba, el cáncer”, narra. Según Elizabeth su madre seguramente ya venía sintiendo sus dolores hace mucho tiempo y no lo decía.

Cuando comenzaron a realizarle los  respectivos exámenes, ecografías, endoscopia, y cuando le hicieron la biopsia y le dieron el resultado Elizabeth se vio perdida, sin saber cómo actuar o como decirle a su madre, la noticia para ella fue como un disparo al corazón. “Sin querer llorar, lloraba, me sentí tan débil al lado de ella que no sabía qué hacer, pedí mucho a Dios que me ayudara, que me diera fuerzas”, detalla Elizabeth.

La madre de Elizabeth se enfrentó a la realidad cuando iba a sus citas médicas a Solca y veía que le realizaban muchas pruebas, siempre se preguntaba por qué le hacían tantas cosas, al parecer en el fondo siempre sospechó que lo que ella tenía era un cáncer terminal.

Pocos meses antes del día final, asistió al oncólogo, ahí le harían una cistoscopia y fue en ese escenario cuando se enteró por él doctor de su enfermedad. Elizabeth no tuvo el valor como hija de darle una noticia tan dolorosa.

No pudieron hacerle la cistoscopia porque Benigna se puso muy mal cuando el médico le dio la noticia  de que su cáncer no tenía cura, el dolor que ella sintió en ese momento no se lo desea a nadie, expresa Elizabeth entre sollozos, tuvieron que llevar a su madre a la psicóloga del hospital en Portoviejo.

Pasó el tiempo, la madre de Elizabeth en ocasiones parecía estar muerta en vida; es decir, su cuerpo estaba, pero su alma parecía estar ausente, solo dormía y que al regresar al cuerpo ella se despertaba, pero muy cansada, con mucha sed, y no solo eso, también en ese trance no recordaba a nadie, era muy raro aquel suceso el cual no sucedió una, sino varias veces.

“Cuando se quedaba dormida, nos asustábamos mucho, llorábamos, porque sentíamos que ya se iba, era muy doloroso, mirarla en su cama al despertar y que hable poco, intentar entender que tiene hambre, pero no puede comer porque eso que le pasaba la dejaba sin poder moverse, sin poder tomar un poco de agua”, Elizabeth relata consternada que nunca vio sufrir a alguien así y que esta haya sido su madre, la destroza.

Era una enfermedad fatal, todos los días no tenía ganas de nada, lloraba continuamente, “le poníamos inyecciones y parches de morfina, pero nada aliviaba su dolor, sentía que la vida se le iba lentamente sin darse cuenta hasta que consiguió acabarla”, Elizabeth revivió esas escenas y no pudo más, se levantó pidió disculpas y se retiró por un momento, se encontraba muy afectada, pues, no es fácil perder a una madre.

Algo que Benigna siempre tenía presente para no rendirse era el amor a sus hijos, ella luchaba contra todo, se alegraba al verlos llegar, “hasta que un día me dijo llorando que ya no quería sufrir más, los dolores eran cada vez más fuerte”,  lamenta Elizabeth con impotencia al no haber podido hacer nada.

“Creo que la mejor opción es orar y pedir a Dios por todas las personas que estamos en este mundo que nos libre de tan dolorosa enfermedad”, pensó Elizabeth optimista, muchas personas pueden superarlo, pero otros no, porque ya se encuentra muy avanzado como fue el caso de sus padres.

Nunca estaremos preparados para enfrentar a esta dura realidad de vivir una vida con cáncer, con miles de tratamientos y saber que la muerte será un inesperado final.

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