GOLPE TRAS GOLPE

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Por: Yeira Meza Álava

La desesperación y la incertidumbre, era el declive que se vivía a diario, la esperanza cada vez se tornaba más oscura, pero las ganas de luchar permitían ver la luz al final del túnel.

“Eran las 9h00 del 8 de marzo del 2018, cuando de repente un dolor agudo la derrumbó”, recuerda en medio de lágrimas Jessica Mantuano, aquel día le cambió por completo su vida, iba a ser madre por segunda vez.

Media hora después llega al hospital Verdi Cevallos Balda de la ciudad de Portoviejo, en busca de ayuda, durante ese largo camino se comunica con su madre a través de una llamada telefónica.

– Bella, ¡ayúdame! – exclamaba Jessica a su madre.

– ¿qué pasó?, ¿qué tienes? – preguntaba con angustia y desesperación.

– Estoy en el hospital, te necesito, ¡ven, por favor! – insistía Jessica entre quejidos y sollozos.

Al recibir la llamada Bella se dirigió al lugar, con dudas e interrogantes que rondaban en su cabeza a cada instante, no era fácil, vivía lejos de su hija, esas horas de camino se convirtieron en una eternidad.

Al llegar al hospital se encuentra con la novedad que su hija aún no era atendida por los médicos, las oleadas eran cada vez más fuertes, eran las 11h00, y no recibía ningún tipo de ayuda, estaba en un despojo absoluto.

Después de insistir, la trasladaron a emergencia donde escucharon los latidos del bebé, después fue llevada de urgencia a quirófano, para practicarle una cesárea, se complicó toda la situación.

En el trascurso de unas horas salió el médico a dar la noticia, habían perdido al niño y extraído su útero, se había dificultado, hasta el punto de quedar en coma, para la familia era un golpe tras otro, ya habían perdido a uno, y la idea de perder otro era una completa desilusión.

“Las palabras de los doctores, cayeron como un balde de agua fría, nunca esperaban que el parto de Jessica iba ser tan riesgoso”, asevera Bella con voz entrecortada y profunda tristeza.

La negligencia médica se hizo presente para esta familia, los profesionales ni el hospital, se hicieron responsable de lo sucedido, a pesar que son los encargados de brindar los estándares adecuados, para que la vida de los pacientes no empeore.

Las lágrimas y desesperación se hacían notar a cada momento, Bella sentía que el sueño eterno estaba cada vez más cerca de su hija, la idea de perderla estaba siempre presente, la ilusión de verla salir de ese hueco era más intensa, y eso le permitía mantenerse con esperanza, de pie.

Luego de 8 largos días, como el cielo espera a la luna cada noche, despertó, después de la noticia, se desató en un riachuelo de sangre, por este motivo los doctores deciden practicarle otra cirugía, para verificar las causas de la misma, la joven se vio al borde la muerte.

Al despertar Mantuano, puntualiza que le dieron un golpe directo al corazón con la noticia, habían retirado su útero y perdido a su bebé fue algo devastador, en ese instante sintió que el mundo se le vino encima, el tiempo se detuvo, y lo único que repicaba como campanas era que no podría volver a ser madre.

“Después de 15 días de estar a la orilla del precipicio, la pasaron a sala de recuperación, donde pudo ver a su madre y a su hija”, puntualiza Jessica con un nudo en su garganta y mirada perdida.

Recuerda con entusiasmo y agradecimiento, las manos benditas del doctor César Rodríguez, por salvarle la vida, él fue el ángel que Dios le envió, a pesar de no haber la mínima esperanza que pudiera salir de esas cuatro paredes, siempre confió en su recuperación.

Hay muchas mujeres que pierden la oportunidad de ser madres debido a la mala práctica médica que se visualizan en algunos centros médicos, donde no priorizan a las embarazadas, no solo es una vida son dos, a las que deben proteger en todo momento.

Jessica, entro en una nube negra de depresión tras la ausencia de su pequeño, tuvo que recibir terapias psicológicas, para poder superar ese giro de 360º en su vida.

En la actualidad es una guerrera que ha sabido salir adelante, junto a su hija Denisse de 12 años, quien apoyó a Mantuano en este lapso de tristeza que inundaba su alma.

Al final pudo salir del precipicio de la depresión, se enfocó en sí y en su familia, cada día da gracias a Dios por mantenerla con vida, porque le dio la oportunidad de volver a nacer, ver a su hija crecer, cumplir las metas y sueños junto a ella.

Decidió tomarse la vida con calma, para sanar un poco su corazón roto, las terapias ayudaron mucho a su decisión, a valorarse como ser humano, y a entender que lo sucedido le podía pasar a cualquiera, era algo que tenía que superarlo con el paso del tiempo, iba a ser una tarea difícil, pero no imposible.

Estas situaciones se ven a menudo en los hospitales, donde las personas se debaten entre la vida y la muerte, se aferran a ella, como un niño a sus juguetes, la idea de salir de ese lugar oscuro y poder ver brillar el sol cada mañana, es el motivo para salir adelante. 

La vida no la tenemos comprada en cualquier momento se puede acabar, en segundos, como fue el caso de Jessica que se vio al borde de la muerte, por la negligencia médica presentada en el hospital Verdi Cevallos Balda.

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