BAJO PRESIÓN

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Por. Jeniffer Conforme

 

Mi nombre es Tito, estudiante de bachillerato y amante a la tecnología.

Hoy, por primera vez me preguntaron, ¿Qué experiencia te dejó el terremoto? No soy muy abierto para platicar, prefiero pasar en mi computadora jugando minecrasft, pero bueno me convencieron.

Los recuerdos me inundan, cada vez que lo pienso y siento que lo vuelvo a vivir.

En abril del 2016, tenía vacaciones, vivía en el paraíso, jugaba en mi computadora hasta tarde, me levantaba a medio día, comía lo que quería y lo más delicioso, ¡no tenía tarea!

Ese día mi madre me levantó a las 10h30 para desayunar, como eran vacaciones no me gustaba despertarme a esa hora, pero como la jefa fue que me levantó, no podía decir ni pio.  Resulta que mientras comía mi desayuno de Dioses, la jefa me informa que tenía que acompañar a mi hermana a una quinceañera, en mi mente renegué ¡ningún niño de 13 años quiere acompañar a su hermana a una fiestucha! Pero como era la jefa, sonriente y con buena cara, dije que sí.

Debido a que iba a desperdiciar mi noche junto a un grupo de niñas enamoradas de chicos más grandes que ellas, pasé jugando todo el día, para recompensar las horas que no jugaría en la noche.

Mi madre es un amor de mujer, esta hecha de algodón de azúcar, pero cuando la desobedecemos, llamas salen por su boca, ojos y cabeza.

La jefa me ordenó vestirme desde las 18h00, como el soldado bien obediente que soy, cumplí con la tarea decretada, me puse un bóxer y vi que mi hermana todavía estaba en pañales, sabía que iba a tardar mucho en arreglarse.

Usando mi cómoda ropa interior negra, me acosté en mi cama a esperar a que la princesa de la casa termine de prepararse, yo solo era un peón en la jugada de mi hermana, mi presencia en la fiesta sería solo para que la dejen ir.

A las 18h50 recordé que tenía un dólar sobre el teclado de la computadora donde pasaba jugando. La computadora estaba en el cuarto de mi hermana porque había mejor conexión.

Para esta parte, debo aclarar que vivíamos en la planta baja de la casa de mi abuela. Era una casa muy grande pero antigua, el piso de la planta alta era de madera, solo la cocina y baño tenía losa y las paredes eran a base de estiércol de vaca, la planta baja era ladrillo y el cuarto de mi hermana estaba bajo la loza de 50 cm, junto al baño.

En fin, decidí ir por mi dólar al cuarto de mi hermana y cuando iba entrando, el piso se comenzó a mover suavemente.

Yo soy un chico muy atento a diferencia de los que salen a jugar a la calle, prefiero ver programas productivos o pasar en mi computadora. En National Geographic, vi un programa donde enseñaban como actuar ante un sismo, debía meterme bajo una mesa, el marco de una puerta o bajo la cama.

De forma rápida me metí bajo la cama de mi hermana, quedando boca arriba. Cuando estaba ahí, por mi mente pasaba la idea que solo era un temblor pequeño, pero de la nada el piso comenzó a moverse como gelatina y pensé ¡la casa se va a caer!

Escuchaba como traqueaba todo, escuché cuando la terraza cayó hacia el patio, sentí miedo, no sabía que era lo que pasaba. No escuchaba gritos, no veía nada, parecía el infierno.

De repente sentí como la loza comenzó a caer lentamente de forma empinada, los tanques de agua de mi abuela cayeron, quedé empapado y sobre un charco. Mi cabeza y cuerpo comenzaron a sentirse presionados, intenté salir, pero mi cabeza estaba atascada por la presión y no podía salir. No podía hacer nada.

Pensé lo peor, creía que toda mi familia había muerto y solo yo había sobrevivido y para rematar estaba atrapado. Cuando el movimiento terminó mi madre comenzó a gritar, preguntado si mi hermana y yo estábamos bien. Mi hermana dijo que estaba bien. Yo no podía gritar o hablar lo intenté, claro que intenté, pero la presión no me lo permitía.

Tenía mi cabeza y cuerpo aplastados, mi pecho presionado sobre el brazo izquierdo y solo podía mover un poco mi brazo derecho. Guardé la calma, analicé la situación, respiraba lentamente por un pequeño orificio que hice con mis labios, tenía que gastar el menos oxígeno posible.

Debido a los tanques de agua que se regaron, vi un palo flotando, era del marco de la puerta del baño. Cuando tenía 8 me fracturé el brazo y ahora es muy flexible. Logré alcanzar el palo y comencé a hacer ruido para que mi madre sepa que estaba por ahí.

Mi madre sumergida en la desesperación gritaba mi nombre y preguntaba quien hacía ese ruido, no daban conmigo. Entonces con la poca fuerza que tenía, grité. Inmediatamente mi mamá encendió la linterna del celular y me vio aplastado por parte de la loza de mi abuela, lograron verme, porque la presión de la losa convirtió la cama en un acordeón y mis piernas quedaron visibles.

Mi hermana inocentemente intentó tirar de mis pies para sacarme y fracasó. Mi madre gritaba clamando ayuda. Comencé a perder la conciencia y mi mente se oscureció.

Mi primo mayor acudió a ayudar, se quedó paralizado al ver la situación no podía creerlo, parecía una escena de película, corrió a su taller a ver palos y herramientas para intentar levantar la loza. Mi hermana y mi abuela salieron corriendo a pedir ayuda, todos veían imposible levantarla.

Entre familiares y desconocidos, llegaron alrededor de 20 personas, que como hormigas trataban de levantar el gigante bloque de cemento.

Yo escuchaba como los palos se rompían y los gruñidos de las personas haciendo fuerza. Mi madre tocando mis piernas me pedía que siga golpeando, para saber que aún estaba vivo. Yo perdía las esperanzas, por un momento creí que moriría. Mi cerebro se comenzaba a apagar y me estaba durmiendo.

Pero decidí aferrarme a la vida, a la idea de sobrevivir. Mi cuerpo se apagaba, pero guardé la calma y el poco oxígeno que me quedaba. Cada que podía golpeaba la cama con el palo, para que mi mamá se calme y sepa que aún tenía vida. Comencé a pensar hasta lo impensable y cuando mis fuerzas se acababan me puse a contar para no dormirme.

Parece mentira, y si no lo hubiera vivido no lo creería, pero esas 20 personas entregaron todas sus fuerzas y lograron levantar la loza, solo 5 cm, sin perder el tiempo, mi madre me haló de las piernas y me sacó.

Hasta el día de hoy logro describir bien la sensación de liberación que tuve al salir de ahí, literalmente sentí el cielo, fue como salir del fondo del agua cuando ya no sientes la respiración.

Dicen que estuve casi 35 minutos bajo esa loza que de forma empinada depositaba toda su presión sobre mí, para mí fue una eternidad, yo sentí que pasaron años, la vida me otorgó una segunda oportunidad.

Definitivamente lo que me mantuvo con vida, fue prestar atención a lo importante, guardar la calma y aferrarme a la vida.

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