Así comenzó…

 284 Total de Visitas,  4 Visitas de Hoy

“La fecha, 28 de noviembre del 2016, habían transcurrido 17 años de mi vida, las cifras y la enseñanza eran las candidatas más opcionadas en la votación de cuál sería la profesión a la que dedicaría varios años de esfuerzo y dedicación. Sin embargo, elegí un camino muy apartado, cambié los números y las calculadoras por las letras y los micrófonos”.

Por: Miguel Ángel Orejuel.

Mientras el calor de la tarde del mes de abril de 2017 abrazaba a los habitantes del cantón Flavio Alfaro, Miguel Ángel, un joven estudiante de bachillerato, se encontraba en su casa, plácidamente recostado en una hamaca viendo la televisión. De repente recibió un mensaje de Jean Carlos, un chico de no más de 24 años de edad, quien había sido su guía de catequesis.

En el mensaje Jean Carlos invitaba a Miguel a participar en un programa radial realizado por la parroquia San Agustín, que se efectuaba cada sábado a las 13h00.

A el entonces joven bachiller, se le detuvo el tiempo por unos instantes, lo que lo llevó a idealizar…

  • ¿Yo, hablar en la radio?, se preguntó asombrado por la inesperada propuesta.

Miguel Ángel no lo podía creer, era como estar en un sueño del que estaba a punto de despertar. Tenía en sus manos la posibilidad de llevar a cabo una acción que hace un tiempo anhelaba realizar, pero que para ese entonces veía muy difícil de alcanzar.

Minutos después de haber procesado la idea de formar parte de dicha actividad, Miguel se levantó de la hamaca y se dirigió hasta la cocina para comentarle a su madre aquello que lo tenía muy contento y, a la vez, un tanto nervioso.

  • Mamá, me invitaron a participar en un programa de radio -, anunció Miguel emocionado.
  • ¡Qué bueno mijo! ¿Cuándo va a ser? -, interrogó su madre entusiasmada al recibir la noticia.
  • Será el próximo sábado a las 13h00 -, respondió Miguel con un tono nervioso en su voz.

Luego de contárselo a su madre, Miguel se apresuró a responderle a Jean Carlos, comunicándole a través de un mensaje de WhatsApp que gustoso asistiría al programa radial, puesto que sentía que sería una gran oportunidad para introducirse en el mundo de la comunicación, esta idea había estado rodando por su cabeza en los últimos meses.

Pasaron unos días y llegó el tan esperado sábado, Miguel se despertó a las 8h00, tardó unos minutos en levantarse, pues estaba idealizando como sería su participación en el programa al que había sido invitado.

Sentía un frío que corría por su piel, ocasionado por los nervios que sentía y empezó a preparar su saludo inicial para los radioescuchas de “Milenio FM” (este es el nombre de la única radio que existe en Flavio Alfaro) entonces pensó que, si se trata de un programa religioso, solamente saludaría, diría que es un gusto estar ahí y agradecería por la oportunidad que se le ha brindado.

Después de esto, Miguel escuchó el habitual llamado matinal de su mamá…

  • ¡Miguel Ángel, el desayuno está servido, ven rápido que se enfría! -, gritó su madre desde la cocina como todas las mañanas.
  • ¡Ya voy mamá! -, respondió Miguel al mismo tiempo que escuchó rugir su estómago pidiéndole alimentos.

Miguel se sentó a la mesa a desayunar justo en frente de su mamá, quien le preguntó si ya se sentía preparado para aquella nueva aventura que estaba por iniciar, a lo que el joven emocionado respondió que no estaba del todo listo, pero que daría lo mejor de sí.

Después de haber terminado su desayuno, Miguel se dirigió hasta su habitación para practicar frente al espejo lo que pensaba decir en el programa que estaba a unas pocas horas de salir al aire.

Mientras practicaba le parecía escuchar como si su “yo interior” le corrigiera sus falencias a la hora de expresarse. Poco a poco fue enmendando sus errores hasta que se sintió prácticamente listo para la primera locución que haría en su vida.

Las horas en el reloj corrían con distintas velocidades, por momentos parecían acelerarse y en otros transcurrían tan despacio que apenas se podía distinguir que las manecillas estaban en movimiento.

Cuando se aproximaba la hora de inicio del programa, Miguel partió de su casa y en el camino reflexionaba sobre la inmensidad de oportunidades que le traería realizar bien su participación en el mismo, también se planteó las posibles falencias que podría tener y cómo evitarlas.

Idealizando todos esos escenarios el miedo a equivocarse empezó a invadirlo, pero parecía que sus pies no se detendrían hasta llegar a su destino, era como una batalla interna entre la razón y su corazón.

La trayectoria desde su casa hasta el centro de Flavio jamás se le había hecho tan corta, decidido a ejecutar la misión se dispuso empezar a caminar hacia la radio, ya había llegado hasta ahí y no estaba dispuesto a dar vuelta atrás.

Faltaban diez minutos aún para empezar el programa y Miguel empezaba a sentir un cosquilleo en su estómago provocado por los nervios, respiro hondo intentando calmar ese malestar. Jean Carlos notó la intranquilidad de Miguel y dándole una palmada en la espalda le brindó un mensaje de aliento …

  • Estoy seguro de que lo harás muy bien -, afirmó el catequista, mirando con completa confianza al joven que tenía a lado.

Estás palabras llenaron de tranquilidad a Miguel y cuando por fin llegó la hora tan esperada, una vez estando dentro de la cabina de locución y frente al micrófono las palabras empezaron a salir de él con tanta naturalidad que no parecía realizando esta actividad.

Todo estaba claro para Miguel, era eso a lo que quería dedicarse en su vida profesional, esta bella experiencia representó el inicio de nuevas oportunidades que llegarían con el tiempo y que Miguel sabría aprovechar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

GIPHY App Key not set. Please check settings

Share this